Cada vez que entramos en temporada de eclipses, vuelven también muchas de las creencias que los han acompañado durante siglos. ¿Son señales de grandes cambios? ¿Por qué tantas culturas los interpretaron como presagios? ¿Qué hay de cierto detrás de algunas de las historias que han llegado hasta nuestros días?

Y aunque hoy conocemos perfectamente su explicación astronómica, algunas de esas inquietudes siguen muy presentes. Basta con acercarse a las redes sociales cuando se aproxima uno para encontrar incluso advertencias que aconsejan no mirar un eclipse. Pero ¿hay realmente alguna razón para temerlo?

Guerras que se detuvieron, gobernantes que temieron lo peor, criaturas que supuestamente devoraban el Sol y hasta la misteriosa oscuridad descrita durante la crucifixión de Jesús forman parte de un legado cargado de simbolismo, miedo y fascinación.

En este artículo recorremos cinco episodios, mitos y supersticiones vinculados con estos fenómenos astronómicos, para descubrir qué ocurrió realmente, qué pertenece a la tradición y cómo llegaron a adquirir tanta importancia dentro de la espiritualidad y la astrología.

1. El eclipse que pudo detener una guerra.

Una de las historias más fascinantes relacionadas con los eclipses nos lleva hasta Asia Menor, en el siglo VI a. C., donde dos importantes potencias de la época, medos y lidios, llevaban años enfrentándose. Según el historiador griego Heródoto, la guerra se prolongó durante varios años sin que ninguno de los dos bandos consiguiera imponerse definitivamente. Pero durante una de aquellas batallas ocurrió algo completamente inesperado. Mientras ambos ejércitos combatían, el día se convirtió repentinamente en noche. Heródoto relata que, al ver desaparecer la luz, medos y lidios dejaron de luchar y se apresuraron a buscar un acuerdo de paz.

El fenómeno se identifica tradicionalmente con el eclipse total de Sol del 28 de Mayo de 585 a. C., visible en aquella región. El catálogo histórico de eclipses solares de NASA recoge el eclipse de esa fecha, que ha quedado ligado históricamente a la llamada batalla del eclipse.

Eclipse solar sobre una batalla entre medos y lidios, episodio histórico asociado al eclipse de Tales de 585 a. C.

Y aquí aparece uno de los detalles más intrigantes de la historia. Heródoto afirma que Tales de Mileto había anunciado previamente que el Sol desaparecería, situando el fenómeno dentro de aquel mismo año. De ser así, estaríamos ante una de las predicciones de eclipses más famosas de la Antigüedad. Sin embargo, los historiadores siguen debatiendo qué pudo predecir realmente Tales y con qué grado de precisión, ya que los conocimientos astronómicos disponibles entonces difícilmente habrían permitido anticipar el lugar y el momento exactos de un eclipse como podemos hacerlo hoy.

Lo verdaderamente extraordinario, en cualquier caso, fue lo que sucedió en el campo de batalla. Para dos ejércitos del siglo VI a. C., ver cómo el Sol desaparecía en pleno combate y la oscuridad caía en mitad del día podía tener una dimensión mucho mayor que la de un fenómeno natural. En un mundo en el que los acontecimientos celestes podían interpretarse como mensajes o advertencias divinas, continuar luchando después de semejante señal debió de parecer una pésima idea.

La paz, además, no quedó únicamente en una tregua momentánea. Según Heródoto, la reconciliación fue reforzada mediante un matrimonio entre las familias reales de ambos pueblos, una práctica habitual para sellar alianzas políticas.

No resulta extraño que un fenómeno así causara tanta impresión: ya en la antigua Mesopotamia los eclipses podían interpretarse como presagios para reyes y gobernantes, una asociación que siglos después encontramos también en los escritos del astrólogo y astrónomo Claudio Ptolomeo, en el siglo II.

Por supuesto, dependemos en gran medida de un relato escrito por Heródoto décadas después de los acontecimientos, por lo que no podemos asegurar que el eclipse fuera la única razón que puso fin al conflicto. Pero la coincidencia entre el fenómeno astronómico y la tradición histórica convirtió aquel 28 de mayo de 585 a. C. en uno de los ejemplos más célebres de cómo un acontecimiento en el cielo pudo llegar a influir en lo que sucedía en la Tierra.

2. Cristóbal Colón y el eclipse que utilizó a su favor.

En 1504, durante su cuarto viaje a América, Cristóbal Colón atravesaba una situación cada vez más delicada. Sus barcos estaban tan deteriorados que tuvo que permanecer durante meses en Jamaica con parte de su tripulación, dependiendo en buena medida de los alimentos que obtenían de la población local.

Al principio existió cierto intercambio, pero con el paso del tiempo las relaciones se fueron deteriorando. Los españoles exigían cada vez más recursos y, según las crónicas, también se produjeron conflictos y abusos que terminaron agotando la paciencia de los habitantes de la isla. El resultado fue que dejaron de proporcionar alimentos, dejando a Colón y a sus hombres en una posición muy complicada. Fue entonces cuando Colón recurrió a una herramienta inesperada: la astronomía.

Llevaba consigo unas tablas astronómicas elaboradas por Regiomontano, uno de los astrónomos más importantes de su tiempo, y gracias a ellas sabía que estaba próximo un eclipse total de Luna. El fenómeno tendría lugar la noche del 29 de Febrero de 1504 en Jamaica. Colón decidió aprovechar esa información. Según el relato conservado por su hijo Fernando, reunió a los líderes locales y les advirtió que su Dios estaba enfadado porque habían dejado de abastecer a los españoles. Como prueba de ese enojo, aseguró que haría desaparecer o cambiar de aspecto a la Luna. Y esa noche, tal como estaba previsto, la Luna comenzó a oscurecerse.

Los registros históricos de eclipses lunares de NASA confirman el eclipse de 1504 y recogen también el relato atribuido a Fernando Colón sobre el impacto que produjo entre los habitantes y la posterior llegada de provisiones.

Alt recomendado: Cristóbal Colón observa el eclipse lunar de 1504 en Jamaica, fenómeno astronómico que utilizó para impresionar a la población local.

La parte más teatral de la historia llegó durante la totalidad. Colón se retiró durante unos minutos, supuestamente para “consultar” con su Dios. En realidad, estaba siguiendo el desarrollo del eclipse con sus cálculos. Cuando calculó que la Luna estaba a punto de comenzar a recuperar su brillo, regresó y anunció que Dios había aceptado perdonarlos si volvían a alimentar a los españoles.Poco después, la Luna empezó efectivamente a reaparecer.

La estrategia funcionó y Colón consiguió restablecer el suministro durante un tiempo. Más allá de la anécdota, el episodio muestra algo muy potente: el conocimiento del cielo podía convertirse en una forma de autoridad y control. Para Colón, el eclipse era un fenómeno previsible; para quienes no sabían que podía calcularse de antemano, la secuencia completa podía parecer una intervención sobrenatural.

Y precisamente por eso esta historia sigue siendo tan recordada: no porque el eclipse tuviera nada de mágico, sino porque la diferencia entre comprender un fenómeno y desconocerlo podía cambiar por completo la manera de interpretarlo.

¿Y qué pasa con el eclipse de Apocalypto?

Esta historia puede recordarnos una de las escenas más conocidas de Apocalypto, dirigida por Mel Gibson, en la que un eclipse solar interrumpe un sacrificio humano y es interpretado como una señal divina.

La película es ficción y la escena no representa un acontecimiento histórico documentado. Sin embargo, hay algo real detrás de la idea: los mayas poseían importantes conocimientos astronómicos. Como explica NASA en su recorrido por la historia de los eclipses, conservaron registros y desarrollaron métodos que les permitían reconocer periodos en los que podían producirse.

Por eso, más que comparar directamente esta escena con el episodio de Cristóbal Colón, resulta interesante como ejemplo de la enorme carga religiosa y simbólica que un eclipse podía adquirir en las sociedades antiguas. Cuando el cielo cambiaba de forma tan espectacular, podía interpretarse como una advertencia, una confirmación divina o una señal de que algo importante estaba a punto de suceder.

3. ¿Hubo realmente un eclipse durante la crucifixión de Jesucristo?

Los Evangelios sinópticos relatan que, durante la crucifixión de Jesús, la oscuridad cubrió la tierra durante varias horas. Ese detalle ha despertado durante siglos una pregunta inevitable: ¿pudo tratarse de un eclipse?

A primera vista parece una explicación posible, pero astronómicamente hay un problema importante. La crucifixión se sitúa en torno a la Pascua judía, celebrada cerca de la Luna llena, mientras que un eclipse solar solo puede producirse durante la Luna nueva, cuando la Luna se coloca entre la Tierra y el Sol. Además, incluso en un eclipse total, la fase de oscuridad máxima dura apenas unos minutos desde un lugar concreto, no las varias horas que describen los textos. Por eso, un eclipse solar convencional no encaja con el relato de la crucifixión.

Representación de la crucifixión de Jesús bajo un cielo oscurecido, junto a un eclipse lunar relacionado con las investigaciones sobre su posible fecha.

Sin embargo, la historia no termina ahí. A lo largo del tiempo, investigadores, historiadores y astrónomos han intentado reconstruir qué fenómenos celestes pudieron coincidir con las fechas propuestas para la muerte de Jesús. Entre los estudios más conocidos está el de Colin J. Humphreys y W. G. Waddington, publicado en la revista Nature, en el que reconstruyeron el calendario judío del siglo I y propusieron el 3 de Abril del año 33 d. C. como una posible fecha para la crucifixión.

Ese mismo día ocurrió un eclipse lunar, un fenómeno completamente distinto a un eclipse solar. Según explican en el estudio publicado en Nature sobre la posible fecha de la crucifixión, la Luna habría salido parcialmente eclipsada y con una tonalidad rojiza desde Jerusalén.

Ese dato resulta especialmente llamativo porque en los textos bíblicos aparece también la imagen de la Luna convertida en sangre, una expresión que posteriormente ha sido relacionada por algunos investigadores con el aspecto rojizo que puede adquirir la Luna durante un eclipse. Aun así, hay que ser prudentes: esto no demuestra que el eclipse lunar sea la explicación de la oscuridad descrita durante el día, ni confirma de forma definitiva que la crucifixión tuviera lugar exactamente en esa fecha.

Lo interesante es que el episodio reúne historia, astronomía y simbolismo en un mismo punto. Si realmente hubo un eclipse lunar aquella noche, pudo convertirse con el tiempo en parte del imaginario que rodeó uno de los acontecimientos religiosos más importantes de la historia. Y desde una mirada espiritual, la asociación resulta especialmente poderosa: oscuridad, muerte, Luna rojiza y posterior regreso de la luz forman una secuencia cargada de significado, muy vinculada con ideas de final, transformación y renacimiento.

4. Cuando dragones, jaguares y otras criaturas devoraban el cielo.

Mucho antes de conocer la explicación astronómica de los eclipses, la desaparición repentina del Sol o de la Luna necesitaba una respuesta. En distintas culturas surgió una idea sorprendentemente similar: alguna criatura estaba atacando o devorando al astro.

Uno de los ejemplos más conocidos procede de la antigua China, donde ciertos relatos interpretaban el eclipse como el ataque de una criatura celestial al Sol. Los registros históricos recopilados por NASA muestran cómo algunas fuentes chinas describieron estos fenómenos con expresiones asociadas a la idea de que el Sol había sido “comido”. Para ahuyentar aquello que supuestamente lo atacaba, se hacían fuertes ruidos golpeando tambores y otros objetos.

Representación de antiguas creencias sobre los eclipses, con un jaguar inca y un dragón chino intentando devorar los astros mientras las comunidades hacen ruido para ahuyentarlos.

En los Andes encontramos una imagen igual de poderosa, pero relacionada con la Luna. Durante los eclipses lunares, los incas interpretaban su tonalidad rojiza como la señal de que un jaguar estaba atacándola o devorándola. Según recoge National Geographic en su repaso por los mitos asociados a los eclipses lunares, en su repaso por los mitos asociados a los eclipses lunares, existía incluso el temor de que, después de acabar con la Luna, el animal descendiera a la Tierra, por lo que trataban de espantarlo haciendo ruido.

Ese tono rojizo es el que ha popularizado la expresión “Luna de sangre” para referirse a los eclipses lunares totales. Hoy conocemos la explicación física de ese color, pero resulta fácil comprender por qué una Luna teñida de rojo pudo alimentar durante siglos asociaciones con sangre, peligro o malos presagios.

Dragones y jaguares no fueron los únicos. En otras tradiciones aparecen también serpientes, lobos y criaturas sobrenaturales persiguiendo o devorando al Sol o a la Luna. Cambia el animal, cambia la cultura, pero se repite una misma idea: algo amenaza la luz, esta desaparece temporalmente y, finalmente, regresa.

5. Embarazadas, alimentos y desgracias: ¿qué hay detrás de las supersticiones?

Algunas creencias sobre los eclipses han sobrevivido hasta nuestros días. Entre las más conocidas están la idea de que las mujeres embarazadas deberían permanecer dentro de casa o que no conviene preparar ni consumir alimentos durante el fenómeno. Desde el punto de vista científico, no existe evidencia de que un eclipse cause estos efectos, aunque prácticas como el ayuno, la oración o la meditación pueden conservar un valor simbólico o espiritual para quienes las realizan.

También ha sido muy común asociarlos con guerras, terremotos, muertes o grandes desgracias. Durante siglos, cualquier alteración extraordinaria del cielo podía interpretarse como una advertencia sobre el futuro. Sin embargo, ni la ciencia ni una mirada espiritual responsable sostienen que cada eclipse deba ir acompañado de una tragedia.

Estas ideas siguen apareciendo hoy bajo nuevas formas. Cuando se aproxima un eclipse, en redes sociales vuelven a circular mensajes que aconsejan no observarlo, permanecer dentro de casa o evitar exponerse a su energía. Sin embargo, dentro de la espiritualidad no existe una regla universal que establezca que contemplar un eclipse atraiga desgracias o consecuencias negativas.

Dentro de la astrología y de muchas prácticas espirituales actuales, los eclipses suelen interpretarse como momentos de intensidad, transición, revelación y cambio de rumbo, en los que determinadas situaciones pueden llegar a un punto de definición o salir a la superficie temas que antes no veíamos con claridad. En lo personal, no considero que sean los mejores momentos para manifestar o realizar rituales destinados a atraer algo concreto. Su intensidad puede remover demasiadas cosas al mismo tiempo y prefiero no intentar dirigir esa energía hacia un resultado determinado, sino observar qué está mostrando, qué necesita ser comprendido y qué puede estar pidiendo ser liberado.

En un eclipse lunar, este trabajo puede enfocarse especialmente en las emociones, las culminaciones y aquello que necesita ser reconocido o soltado. Puede ser un buen momento para escribir, meditar, revisar patrones o realizar algún ritual sencillo de cierre. En un eclipse solar, aunque ocurre durante una Luna nueva, personalmente prefiero no utilizarlo inmediatamente para manifestar, sino para hacer silencio y observar qué nueva dirección comienza a insinuarse.

Así, para mí, el trabajo espiritual durante un eclipse tiene más que ver con trabajar con la sombra, comprender, depurar y hacer espacio que con pedir o atraer. A veces necesitamos reconocer lo que está terminando antes de decidir qué queremos invitar a entrar.

Eso sí, si hablamos de un eclipse solar, existe una precaución que nada tiene que ver con supersticiones: proteger correctamente los ojos durante la observación.

¿Qué significan realmente los eclipses en astrología?

En astrología, los eclipses se consideran momentos especialmente significativos porque ocurren cuando el Sol y la Luna se alinean cerca de unos puntos llamados nodos lunares, que dentro de esta disciplina se asocian simbólicamente con la evolución, los cambios de rumbo y determinados aprendizajes.

Por esta razón, suelen relacionarse con culminaciones, comienzos, cierres, revelaciones o situaciones que alcanzan un momento decisivo. Eso no significa que todos vayamos a experimentar un gran acontecimiento cada vez que ocurre uno.

Su interpretación dependerá del signo en el que tenga lugar y, a nivel personal, de las casas, planetas o puntos de la carta natal que active. Por eso, un eclipse no debería interpretarse automáticamente como una desgracia o un mal presagio. Resulta más interesante observar qué proceso está cambiando, qué comienza a hacerse evidente o qué puede estar pidiendo una nueva dirección.

Quizá ahí radique parte de la fuerza que todavía les atribuimos: aunque hoy sabemos cómo se producen, los eclipses siguen invitándonos a observar aquello que cambia, lo que sale a la luz y lo que puede estar comenzando a transformarse en nuestras vidas.


Descubre más desde El Espacio de Annie

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario