El grave accidente ferroviario ocurrido en Córdoba el 18 de Enero de 2026 se incluye, para muchos, dentro de una larga cadena de tragedias que han tenido lugar en España en los últimos 5 años.
Porque cuando las desgracias se acumulan, cuando las noticias parecen insistir en el mismo tono, no todos miran únicamente lo evidente. Algunos comenzamos a preguntarnos si, además de causas técnicas o políticas, existe un trasfondo simbólico, energético o histórico que merece ser observado.

España y Venezuela, países distintos con realidades diferentes, comparten un paralelismo poco comentado: la exhumación de figuras históricas que marcaron profundamente a sus naciones y una sucesión de acontecimientos que no pasan desapercibidos. Cuando los restos del pasado se remueven, no solo se mueve la tierra. También se agitan memorias, símbolos y heridas colectivas que parecían dormidas.
Algunos hablan de simples coincidencias. Otros, desde una mirada más espiritual, intuyen que ciertos actos abren ciclos difíciles de contener. Hoy veremos cómo el pasado y el presente se pueden entrelazar de forma inquietante… y dejo que seas tú quien saque sus propias conclusiones.
La exhumación de Franco y su peso simbólico.
La exhumación de los restos de Francisco Franco tuvo lugar el 24 de octubre de 2019, cuando fueron trasladados desde el Valle de los Caídos al cementerio de El Pardo-Mingorrubio, donde fueron reinhumados junto a su esposa, Carmen Polo. El proceso puso fin a décadas de presencia del dictador en un monumento que había sido concebido como espacio de exaltación del régimen y que, con el paso del tiempo, se convirtió en uno de los símbolos más controvertidos de la historia reciente de España.
Más allá del debate político y social que generó, la exhumación tuvo una fuerte carga simbólica. Remover físicamente los restos de una figura histórica tan relevante y profundamente polarizante significó también reabrir una etapa de la memoria colectiva española, trayendo al presente tensiones, relatos y heridas que nunca terminaron de cerrarse del todo.
Resulta, como mínimo, llamativo que tras estos gestos hacia el pasado, en España se haya producido una sucesión de acontecimientos trágicos que muchos perciben como algo más que una simple acumulación de hechos.
Una sucesión de acontecimientos que no pasa desapercibida.
*La borrasca Gloria (2020): el primer aviso. A comienzos de 2020, la borrasca Gloria golpeó con fuerza el litoral mediterráneo español, provocando inundaciones, temporales marítimos históricos y graves daños en infraestructuras, especialmente en Cataluña y la Comunidad Valenciana. Su impacto fue amplio y sostenido, y aunque quedó rápidamente eclipsado por la pandemia, fue uno de los episodios meteorológicos más severos registrados en décadas.
Desde una lectura simbólica, Gloria puede entenderse como una primera advertencia. El agua desbordó límites físicos, anticipando un período en el que las estructuras comenzarían a mostrar su fragilidad.
*Filomena (2021): el colapso de lo cotidiano. El 8 Enero de 2021, la borrasca Filomena representó un evento meteorológico histórico en Madrid que dejó la mayor nevada en décadas con hasta 50 cm de nieve, paralizando la ciudad con imágenes insólitas como la Gran Vía cubierta de blanco y provocando graves daños en el arbolado.
Filomena representó la congelación del sistema: el movimiento se detuvo y quedó al descubierto la vulnerabilidad de la normalidad ante lo inesperado.
*Volcán de La Palma (2021): lo que emerge desde lo profundo. Entre Septiembre y Diciembre de 2021, la erupción del volcán de La Palma mantuvo al país en vilo durante meses. La lava arrasó viviendas, transformó el territorio y obligó a miles de personas a abandonar sus hogares.
Desde una mirada simbólica, el volcán encarna la irrupción de lo reprimido. El fuego emerge desde las profundidades y transforma todo a su paso, recordando que aquello que se mantiene contenido durante demasiado tiempo acaba buscando salida.
*La calima histórica (2022): la pérdida de claridad. En Marzo de ese año, una sin precedentes cubrió amplias zonas de España, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y reduciendo drásticamente la visibilidad durante varios días. El aire se volvió denso e irrespirable, generando una sensación colectiva de desconcierto y extrañeza.
Más allá del fenómeno atmosférico, la calima se puede ver como un tiempo de confusión y desorientación colectiva.
*La DANA en Valencia (2024): el desbordamiento final. El 29 de Octubre, una DANA de gran intensidad en la Comunidad Valenciana provocó graves inundaciones, pérdidas humanas y materiales, y volvió a poner de manifiesto la fragilidad de las infraestructuras frente a fuerzas de la naturaleza.
Simbólicamente, la DANA expresó el desbordamiento de tensiones acumuladas y la incapacidad de sostener sistemas sometidos a una presión prolongada.
*A estos episodios se sumó el gran apagón eléctrico del 28 de Abril de 2025. A las 12:23 del mediodía, España vivió un acontecimiento sin precedentes: un apagón eléctrico nacional que desconectó el sistema ibérico del resto de Europa. En cuestión de segundos y 15 GW de generación eléctrica se perdieron, lo cual dejó al descubierto una gran vulnerabilidad de los sistemas que sostienen la vida cotidiana.
Más allá de sus causas técnicas, el impacto emocional fue profundo: la sensación de que algo esencial puede fallar en cualquier momento.
Desde una mirada racional, cada uno de estos hechos tiene explicaciones climáticas, técnicas o humanas. Sin embargo, espiritualmente, esta acumulación de tragedias puede verse también como un proceso más profundo de revisión y ruptura de estructuras.
La Luna Nueva en Capricornio, Cronos y las estructuras que se resquebrajan.
El último suceso de esta cadena de acontecimientos fue el accidente ferroviario del 18 de Enero de 2026, que coincidió además con un momento astrológico significativo: una Luna Nueva en Capricornio, la primera del año. En astrología, la Luna Nueva marca el comienzo de un ciclo, pero también un tiempo de oscuridad y repliegue, en el que lo anterior se disuelve para dar paso a algo nuevo.
Capricornio es el signo de las estructuras, la autoridad, el orden y los cimientos sobre los que se construye una sociedad. Está regido por Saturno, identificado en la mitología con Cronos, el arquetipo del tiempo, la ley y las consecuencias. Cronos no castiga de forma inmediata: espera. Deja que los procesos maduren hasta que aquello que fue mal construido, negado o postergado ya no puede sostenerse.
Desde esta perspectiva, una Luna Nueva en Capricornio puede interpretarse como una invitación, a veces dura, a revisar aquello que sostiene, o debilita, nuestras bases colectivas. Cuando una tragedia ocurre bajo esta energía, muchos sienten que el mensaje es contundente: lo que no está bien construido termina mostrando sus grietas.
El paralelismo con Venezuela y la “maldición del Libertador”.
El 16 de Julio de 2010, los restos de Simón Bolívar fueron exhumados en el Panteón Nacional de Venezuela por orden del gobierno de Hugo Chávez para investigar las verdaderas causas de su muerte, sospechando envenenamiento por arsénico y no tuberculosis como se creía. El proceso duró casi 19 horas, contó con más de 50 expertos y fue transmitido en cadena nacional de televisión.
Este evento generó una controversia que mezcló ciencia con superstición, llevando a teorías sobre la llamada «Maldición del Libertador» entre quienes creían que la exhumación, era una profanación que atraería desgracias. Esta idea se afianzó tras las muertes posteriores y sospechosas de figuras chavistas, como Luis Tascón, Lina Ron, Clodosbaldo Russián y el propio Chávez.
Obsesión, poder y la manipulación del pasado.
Tanto en Venezuela como en España, las exhumaciones de figuras históricas clave estuvieron atravesadas por una relación especialmente intensa con el pasado, aunque desde motivaciones distintas. En ambos casos, el gesto fue algo más que una decisión administrativa: se convirtió en un acto cargado de significado político y emocional.
En Venezuela, la exhumación de Simón Bolívar estuvo marcada por la identificación profunda de Hugo Chávez con la figura del Libertador. Chávez no solo lo reivindicó como referente histórico, sino que llegó a presentarse como su continuador, construyendo buena parte de su legitimidad alrededor de esa herencia. Esta relación dio lugar a múltiples interpretaciones sobre las verdaderas motivaciones del gesto y alimentó teorías que fueron más allá de la versión oficial, incluidas lecturas sobre usos rituales o simbólicos de los restos.
Sin pruebas que permitan afirmarlo como hecho, estas percepciones resultan reveladoras del modo en que una parte de la sociedad entendió la exhumación: como una apropiación extrema de una figura fundacional desplazada del terreno histórico al personal y al del ejercicio del poder.
En España, aunque el contexto fue distinto, la exhumación de Francisco Franco también estuvo atravesada por una relación intensa con su figura. Tras llegar a la presidencia en junio de 2018, una de las primeras iniciativas de Pedro Sánchez fue promover la exhumación de Franco, anunciándola pocas semanas después de asumir el cargo y convirtiéndola en uno de los primeros ejes simbólicos de su mandato.
El propio Sánchez expresó que mantener los restos del dictador en el Valle de los Caídos suponía, a su juicio, una anomalía incompatible con la democracia y una afrenta moral que debía corregirse. Este énfasis temprano pone de manifiesto una fijación política clara con la figura de Franco, no basada en la veneración, sino en el rechazo y la confrontación directa con su legado.
Desde esta perspectiva, idealizar o confrontar de forma extrema produce un efecto similar: mantiene el pasado activo. Resulta, como mínimo, llamativo que tanto en Venezuela como en España, tras estas exhumaciones, se haya desarrollado una sucesión de crisis, tragedias y sacudidas colectivas.
Sin afirmar relaciones causales, la coincidencia invita a preguntarse si remover determinados símbolos del pasado no activa procesos que van más allá de lo político o lo histórico.
Para reflexionar.
Como suele decirse, a los muertos conviene dejarlos descansar. Más allá de afinidades o rechazos, figuras como Francisco Franco y Simón Bolívar concentran un enorme peso histórico y simbólico. Alrededor de ellas se acumulan memorias, tensiones y emociones colectivas que no desaparecen con el tiempo.
Desde una mirada simbólica, remover este tipo de figuras no es un gesto neutro. Cuando lo no resuelto del pasado se reactiva, puede manifestarse en forma de crisis, sacudidas o rupturas que interrumpen la inercia y ponen en evidencia la fragilidad de las estructuras que sostienen la vida colectiva.
Desde la espiritualidad y la astrología, la invitación no es a buscar culpables ni a establecer causalidades absolutas, sino a leer los signos y observar los ciclos que se repiten. Porque cuando aquello que quedó pendiente emerge, se abre una grieta en el relato común. Y es, a veces, a través de esa grieta por donde puede entrar la luz.
La pregunta queda abierta:
¿qué hacemos hoy con lo que heredamos del pasado y cómo elegimos integrarlo en el presente?
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