
Dos veces al año, el día y la noche alcanzan una duración muy parecida. Son los equinoccios, dos momentos de cambio que marcan el inicio de una nueva estación y que, desde la astrología, coinciden con la entrada del Sol en Aries y en Libra.
A simple vista, ambos pueden asociarse con equilibrio, pero no se viven igual. Mientras una parte del mundo entra en primavera, la otra comienza el otoño. El cielo es el mismo, pero la experiencia estacional cambia, y eso importa porque no tiene demasiado sentido hablar de “la energía del equinoccio” como si fuera idéntica para todos.
El equinoccio de marzo abre la temporada Aries. El de septiembre, la temporada Libra. A partir de ahí, la estación que empieza en tu hemisferio termina de dar contexto al momento y cambia bastante la forma de trabajar simbólicamente con él.